Saltar al contenido

Casa Hispana Libros

Cuerpos bajo dominio

Violencia, mujeres, familia e infancia. El cuerpo como territorio de poder, violencia y resistencia en América Latina.

G. Oliva C.

Cubierta de Cuerpos bajo dominio

Descripción

Cuerpos bajo dominio constituye una aproximación histórica, social y crítica a los sistemas mediante los cuales el poder colonial convirtió el cuerpo humano en territorio de apropiación, explotación, disciplina y control. La obra sitúa en el centro del análisis a las personas indígenas, africanas y afrodescendientes sometidas a distintas formas de coerción en América Latina, examinando especialmente la esclavización y sus mecanismos económicos, jurídicos, políticos, raciales y culturales. Su propuesta fundamental consiste en comprender que la dominación no operó únicamente sobre territorios y recursos: actuó también directamente sobre los cuerpos, regulando su movilidad, su trabajo, su reproducción, sus relaciones familiares y, en determinadas circunstancias, incluso las posibilidades de decidir sobre la propia existencia. El concepto de cuerpo bajo dominio constituye así la categoría articuladora de la obra. El cuerpo esclavizado fue transformado jurídicamente en propiedad, económicamente en fuerza de trabajo y socialmente en objeto de clasificación. Sin embargo, esta reducción nunca consiguió eliminar completamente la condición humana de quienes fueron sometidos. Detrás de inventarios, registros comerciales, documentos judiciales y transacciones existieron personas con nombres, vínculos familiares, memorias, lenguas, conocimientos, afectos, creencias y aspiraciones. Esta distinción es esencial para la perspectiva desarrollada en el libro. La esclavitud no constituye una identidad natural. Ser esclavizado fue una condición histórica impuesta mediante relaciones asimétricas de poder. No nacieron para ser propiedad. Fueron convertidos en propiedad por sistemas construidos para dominar sus cuerpos y apropiarse de su trabajo. Desde esta premisa, Cuerpos bajo dominio analiza la esclavitud como una institución compleja y no solamente como una sucesión de actos individuales de crueldad. Su permanencia durante siglos requirió estructuras económicas, legislación, mercados, mecanismos de vigilancia, instituciones políticas y discursos de legitimación. La violencia física fue una dimensión fundamental, pero no fue la única. Existieron también coerción jurídica, dependencia económica, separación familiar, restricciones de movilidad y jerarquías sociales destinadas a conservar el orden establecido. La economía constituye uno de los primeros campos de análisis. En diferentes regiones latinoamericanas, el trabajo esclavizado fue incorporado a plantaciones, haciendas, ingenios, explotaciones mineras, actividades portuarias, trabajos domésticos, talleres, comercio urbano y múltiples espacios productivos. El cuerpo adquirió así un valor económico calculable: podía ser comprado, vendido, heredado, trasladado y utilizado como garantía patrimonial. Este proceso representa una de las contradicciones más profundas estudiadas por la obra: una persona podía poseer dignidad humana y, simultáneamente, ser registrada por el sistema como valor económico. La mercantilización del cuerpo constituye, por ello, mucho más que una categoría económica. Supone una transformación radical de la relación entre seres humanos. Allí donde una persona puede poseer jurídicamente a otra, la desigualdad deja de ser simplemente diferencia social y se convierte en una estructura institucionalizada de dominación. La trata transatlántica representa una expresión extrema de este proceso. Millones de africanos fueron desplazados forzosamente hacia América durante varios siglos. La travesía atlántica transformó barcos, puertos y mercados en espacios de una economía construida alrededor del comercio de seres humanos. El cuerpo aparece nuevamente en el centro: capturado, transportado, examinado, clasificado y vendido. Pero el libro insiste en recuperar aquello que las categorías mercantiles intentaban borrar. Antes de ser “mano de obra” eran personas. Antes de ser registrados como propiedad poseían historia. Antes de la cadena existían identidad, comunidad y memoria. La obra presta particular atención a la disciplina corporal. Los sistemas esclavistas necesitaban controlar el tiempo, el movimiento y la capacidad productiva de las personas sometidas. Vigilancia, castigo y amenaza podían operar como instrumentos destinados a producir obediencia. En este sentido, el cuerpo no fue únicamente fuerza de trabajo: fue también espacio sobre el cual el poder buscó hacerse visible. El castigo físico poseía una función que excedía el dolor individual. Podía comunicar una advertencia colectiva. La violencia pública recordaba los límites impuestos por el sistema y buscaba demostrar las consecuencias de transgredirlos. De este modo, el dominio corporal adquiría también una dimensión simbólica. Sin embargo, Cuerpos bajo dominio evita convertir la violencia en espectáculo narrativo. La descripción del sufrimiento solo adquiere sentido historiográfico cuando permite comprender las estructuras que lo produjeron. Exponer innecesariamente el cuerpo violentado puede reproducir, desde otro registro, la deshumanización que se pretende denunciar. La pregunta académicamente relevante no es simplemente qué violencia ocurrió, sino qué estructuras permitieron que esa violencia pudiera normalizarse. Este desplazamiento desde el acontecimiento hacia la estructura constituye uno de los principales aportes analíticos de la obra. El género introduce otra dimensión indispensable. La dominación sobre los cuerpos no operó de manera idéntica sobre hombres y mujeres. Las mujeres esclavizadas estuvieron expuestas a formas específicas de explotación laboral, doméstica, sexual y reproductiva. Su experiencia exige considerar simultáneamente condición jurídica, género, posición social y racialización. El cuerpo femenino podía quedar sometido a una doble apropiación: como fuerza productiva y como cuerpo sobre el cual determinados agentes ejercían poder sexual y reproductivo. Esta realidad obliga a introducir una perspectiva de género en el estudio de la esclavitud. Pero nuevamente la obra rechaza representar a las mujeres exclusivamente desde la victimización. Mujeres africanas y afrodescendientes desarrollaron estrategias económicas, familiares, religiosas y comunitarias; participaron en redes de solidaridad, buscaron mecanismos legales de libertad y contribuyeron decisivamente a la transmisión cultural entre generaciones. El cuerpo sometido no fue necesariamente un cuerpo sin agencia. Aquí aparece el segundo gran eje del libro: la resistencia. Si el poder buscaba controlar el cuerpo, la resistencia podía comenzar precisamente mediante la recuperación de espacios de autonomía sobre él. Huir, negarse, negociar, formar comunidades independientes, preservar vínculos familiares, mantener prácticas culturales o utilizar mecanismos jurídicos fueron algunas de las múltiples estrategias históricas mediante las cuales personas esclavizadas enfrentaron las restricciones impuestas. La resistencia adoptó diferentes intensidades. Existieron rebeliones y levantamientos, pero también formas cotidianas menos visibles. Reducir la resistencia únicamente a la insurrección armada impediría comprender gran parte de la capacidad de acción desarrollada dentro de sociedades esclavistas. Los quilombos, palenques, comunidades cimarronas y otros espacios de autonomía adquieren una relevancia particular. En ellos, la fuga podía transformarse en proyecto colectivo. Escapar del dominio individual abría la posibilidad de reconstruir comunidad, aunque estas experiencias fueran diversas, vulnerables y sometidas frecuentemente a nuevas amenazas. El cuerpo que huye deja de ser únicamente objeto del poder y se convierte en sujeto de una búsqueda de libertad. La dimensión familiar constituye otro elemento fundamental. La esclavización podía fragmentar familias mediante venta, desplazamiento y separación. En consecuencia, formar y conservar vínculos familiares podía adquirir también significado como práctica de supervivencia y continuidad. El parentesco, la maternidad, la paternidad, las redes comunitarias y las relaciones de solidaridad permitieron reconstruir espacios de humanidad dentro de sistemas que pretendían convertir a las personas fundamentalmente en unidades de producción. El libro examina igualmente el proceso de racialización del cuerpo. Determinadas características físicas fueron progresivamente interpretadas mediante categorías sociales que asignaban diferencias de posición, prestigio y poder. El color de la piel dejó de funcionar únicamente como característica corporal y fue incorporado a sistemas históricos de clasificación. La raza aparece entonces no como explicación biológica de capacidades humanas, sino como construcción histórica utilizada para organizar diferencias y, en determinados contextos, legitimar jerarquías. Este proceso resulta decisivo para comprender la transición entre esclavitud y sociedades posabolicionistas. La abolición jurídica eliminó la posibilidad legal de poseer personas, pero no hizo desaparecer automáticamente las representaciones sociales construidas durante siglos. La libertad jurídica podía ser declarada por ley; la igualdad social requería transformaciones mucho más profundas. Esta afirmación permite a Cuerpos bajo dominio avanzar desde la historia de la esclavitud hacia el problema de sus legados. El autor evita establecer una continuidad mecánica entre pasado y presente. Las sociedades latinoamericanas han experimentado enormes transformaciones desde las aboliciones. Sin embargo, estudiar el racismo, la desigualdad y la exclusión contemporáneas exige considerar también los procesos históricos que contribuyeron a configurar determinadas jerarquías. La abolición representa, por tanto, una ruptura fundamental, pero no necesariamente un punto cero. Esclavitud – Abolición – Posabolición – Ciudadanía – Desigualdad – Memoria constituyen momentos que deben estudiarse tanto en sus discontinuidades como en sus conexiones. La obra incorpora además una dimensión teológica particularmente significativa. Desde una antropología cristiana, el cuerpo no constituye una mercancía ni una realidad espiritualmente irrelevante. La afirmación bíblica de que el ser humano ha sido creado a imagen de Dios proporciona un fundamento radical para su dignidad. Esta perspectiva obliga a confrontar una contradicción histórica fundamental: sociedades cristianizadas pudieron convivir durante largos períodos con sistemas que permitían la apropiación del cuerpo humano. La pregunta no puede evitarse: ¿cómo pudo proclamarse la dignidad espiritual de una persona mientras su cuerpo era tratado como propiedad? La investigación desarrollada por el autor encuentra aquí un espacio de diálogo entre historia y teología. No se trata de utilizar categorías religiosas para reemplazar la investigación histórica, sino de confrontar las prácticas de sociedades cristianas con las propias afirmaciones antropológicas del cristianismo. La encarnación posee en este punto una relevancia particular. La fe cristiana confiesa que el Hijo de Dios asumió verdadera humanidad. El cuerpo, por consiguiente, no puede ser considerado una realidad carente de dignidad. Hambre, sufrimiento, violencia, enfermedad y muerte afectan a personas completas y poseen relevancia para una teología que confiesa al Verbo hecho carne. La resurrección profundiza esta valoración. La esperanza cristiana no consiste simplemente en abandonar definitivamente la corporalidad, sino en la resurrección. De esta manera, creación, encarnación y resurrección convergen en una comprensión profundamente positiva de la dignidad corporal. Un cuerpo humano no es una cosa. No es mercancía. No es capital. No es propiedad. Es el cuerpo de una persona cuya dignidad no depende del precio que otros pretendan asignarle. Esta afirmación conecta la obra con los derechos humanos. Aunque las categorías contemporáneas de derechos humanos pertenecen a desarrollos históricos posteriores y no deben proyectarse anacrónicamente sobre todos los períodos, proporcionan un marco actual para reconocer la gravedad de sistemas que negaron libertad, integridad y autonomía a millones de personas. El cuerpo aparece, de este modo, como espacio donde convergen historia, economía, política, raza, género, religión y derecho. Cuerpo – Poder – Propiedad – Trabajo – Violencia – Raza – Género – Resistencia – Libertad – Memoria constituyen los conceptos estructurantes de la obra. Para el autor, recuperar la memoria de estos cuerpos significa también modificar la manera de escribir historia. Durante demasiado tiempo, numerosos documentos describieron a las personas esclavizadas desde la mirada de propietarios, administradores, comerciantes o autoridades. La historiografía contemporánea enfrenta el desafío de leer esas fuentes críticamente y buscar, incluso dentro de archivos construidos por el poder, las huellas de quienes fueron sometidos. Una cifra dentro de un inventario fue una persona. Una anotación de compraventa involucró una vida. Una fuga registrada en un documento expresó una decisión. Una sanción consignada judicialmente puede revelar un conflicto. Un expediente de libertad puede contener una estrategia de resistencia. Leer críticamente el archivo significa devolver humanidad a aquello que el lenguaje administrativo transformó en objeto. La memoria, por tanto, no es un complemento sentimental de la historia. Constituye una dimensión crítica de su interpretación. Cuerpos bajo dominio propone además ampliar la mirada hacia los pueblos indígenas de América Latina, reconociendo que sus experiencias históricas de trabajo forzado, desplazamiento y dominación deben analizarse según sus propios contextos jurídicos y regionales. La obra evita equiparar automáticamente la esclavización africana con las diferentes formas de coerción experimentadas por poblaciones indígenas. Comparar exige reconocer tanto semejanzas como diferencias. Esta precisión es especialmente importante para una historia latinoamericana verdaderamente plural. El continente fue construido mediante relaciones complejas entre pueblos originarios, europeos, africanos y posteriormente múltiples corrientes migratorias. Dentro de ese proceso existieron intercambio, mestizaje y creación cultural, pero también conquista, coerción, jerarquización y resistencia. La historia no necesita elegir entre complejidad y denuncia. Puede reconocer ambas. El aporte que el autor procura realizar con esta obra consiste precisamente en colocar el cuerpo humano como categoría histórica de análisis. Las grandes estructuras económicas adquieren otra dimensión cuando se observa cómo afectaron cuerpos concretos. Las leyes revelan su verdadero alcance cuando preguntamos qué permitían hacer sobre esos cuerpos. Las jerarquías sociales se vuelven visibles cuando examinamos quién podía desplazarse libremente y quién necesitaba autorización, quién podía poseer y quién podía ser poseído, quién administraba el castigo y sobre quién recaía. De esta forma, el cuerpo funciona como una cartografía del poder…

Categoría

  • HISTORIA AFRO-LATINOAMERICANA
  • ESCLAVITUD
  • CUERPO Y PODER
  • VIOLENCIA COLONIAL
  • RESISTENCIA NEGRA

Palabras clave

  • Esclavitud en América Latina
  • Esclavización africana
  • Cuerpos esclavizados
  • Dominación corporal
  • Poder colonial
  • Violencia colonial
  • Trata transatlántica
  • Diáspora africana
  • Afrodescendientes
  • Trabajo esclavizado
  • Explotación humana
  • Mercantilización del cuerpo
  • Control social
  • Disciplina corporal
  • Coerción
  • Racialización
  • Racismo
  • Jerarquías raciales
  • Género y esclavitud
  • Mujeres esclavizadas
  • Violencia de género
  • Resistencia negra
  • Cimarronaje
  • Quilombos
  • Palenques
  • Rebeliones de esclavizados
  • Resistencia cotidiana
  • Libertad
  • Abolición de la esclavitud
  • Posabolición
  • Ciudadanía
  • Memoria histórica
  • Memoria afrodescendiente
  • Identidad afrodescendiente
  • Dignidad humana
  • Derechos humanos
  • Justicia social
  • Justicia racial
  • Historia colonial
  • Historia social
  • Estudios afro-latinoamericanos
  • América Latina

Derechos de este libro

Convertimos derechos editoriales en oportunidades internacionales de crecimiento, conectando autores y editoriales con nuevos mercados, nuevos lectores y nuevos socios estratégicos alrededor del mundo.

Ficha técnica

Título
Cuerpos bajo dominio
Autor
G. Oliva C.
Sello editorial
Grupo Editorial casa Hispana
Medidas
15x23cms
Edición
1° edición 2025
Editado en
Chile
Año de publicación
2025
Idiomas disponibles
Español, Inglés, Alemán, Portugués
Encuadernación
Tapa Blanda con Solapas
Páginas
510

Cómpralo en Casa Hispana

Casa Hispana de Publicaciones ← Todos los libros

Sobre el autor

G. Oliva C.

G. Oliva C. nació en Lautaro, Región de La Araucanía, en el sur de Chile, en 1971. Creció y desarrolló sus primeros años de formación en el corazón de la Araucanía, territorio cuya riqueza histórica, cultural y humana ejerció una influencia determinante en su trayectoria intelectual. Su cercanía con la realidad mapuche despertó tempranamente su interés por las culturas originarias, la memoria territorial y los procesos históricos que han configurado las relaciones entre los pueblos indígenas, los Estados y las sociedades latinoamericanas.

Leer la biografía completa