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¡El Cristo que viene!

Cristología, Escatología y una teología de la esperanza.

G. Oliva C.

Cubierta de ¡El Cristo que viene!

Descripción

Hablar del Cristo que viene es hablar de una de las confesiones más profundas de la fe cristiana: la historia no camina hacia el vacío, sino hacia el cumplimiento del propósito redentor de Dios. La escatología bíblica no fue entregada a la Iglesia principalmente para alimentar especulaciones acerca de fechas, construir cronologías interminables o provocar temor ante los acontecimientos futuros, sino para sostener la esperanza, fortalecer la perseverancia y recordar que Jesucristo, crucificado y resucitado, llevará la historia hacia su consumación. El anuncio cristiano del futuro comienza precisamente en aquello que Dios ya realizó en Cristo. La resurrección constituye la gran anticipación escatológica: aquel que venció la muerte es también aquel cuya venida espera la Iglesia. Por eso la esperanza cristiana no descansa simplemente en la expectativa de que las circunstancias humanas mejorarán, sino en una persona: Jesucristo. Cristo Vino - Cristo Murió - Cristo Resucitó - Cristo Reina - Cristo Volverá. Esta secuencia permite comprender que la segunda venida no constituye un elemento marginal de la doctrina cristiana, sino la culminación de una historia de redención que atraviesa toda la Escritura. En Juan 14:1-3, Jesús consuela a sus discípulos anunciando que volverá; en Hechos 1:11, después de la ascensión, los discípulos reciben la afirmación de que aquel mismo Jesús vendrá nuevamente; Pablo presenta la venida del Señor como fuente de consuelo para una comunidad enfrentada a la muerte y al duelo (1 Ts 4:13-18); y Apocalipsis concluye con la oración de la Iglesia: “Ven, Señor Jesús” (Ap 22:20). Existe, por tanto, una orientación profundamente cristológica de la escatología: el centro del futuro cristiano no es el anticristo, la catástrofe, la guerra o el miedo; el centro es cristo. Cuando esta centralidad se pierde, la escatología puede transformarse en ansiedad religiosa. Cuando Cristo recupera el centro, la doctrina de las últimas cosas vuelve a convertirse en esperanza. Desde la perspectiva del autor, una de las tareas necesarias de la Iglesia contemporánea consiste precisamente en rescatar la escatología de dos extremos: la obsesión especulativa y la indiferencia práctica. La primera intenta convertir cada guerra, terremoto, tecnología, crisis económica o acontecimiento político en una clave definitiva para descifrar el calendario de Dios; la segunda vive como si la promesa de la venida de Cristo no tuviera ninguna consecuencia para el presente. Ambas perspectivas empobrecen la enseñanza bíblica. Jesús afirmó que nadie conoce el día ni la hora (Mt 24:36), mientras el Nuevo Testamento insiste repetidamente en vigilancia, fidelidad y preparación. La pregunta bíblicamente decisiva no es solamente cuándo vendrá Cristo, sino cómo debe vivir la iglesia mientras espera a Cristo. La expectativa escatológica se convierte así en ética del presente. Esperar significa vivir responsablemente. La esperanza futura produce fidelidad presente. Esta relación aparece con claridad en 1 Juan 3:2-3, donde la esperanza de ver a Cristo se vincula con una vida orientada hacia la pureza. Del mismo modo, las parábolas escatológicas de Jesús muestran siervos administrando aquello que recibieron mientras esperan el regreso de su señor. Velar no significa abandonar el mundo para mirar el cielo; significa vivir en el mundo conscientes de que nuestra vida responde ante dios. Por esta razón, la escatología bíblica posee consecuencias para la santidad, el servicio, la misión, la justicia, la administración de los recursos y las relaciones humanas. La esperanza no es evasión. Es una manera de habitar responsablemente el presente a la luz del futuro prometido por Dios. En este sentido, la expresión “últimas cosas” puede resultar insuficiente cuando hace pensar que la escatología solamente trata de acontecimientos situados al final de una línea temporal. El Nuevo Testamento muestra que, con Cristo, el futuro de Dios ya comenzó a irrumpir en la historia. El Reino ha sido inaugurado, aunque todavía esperamos su consumación. Esta tensión entre el “ya” y el “todavía no” constituye una de las claves fundamentales para comprender la esperanza cristiana. Ya hemos recibido salvación, pero esperamos su plenitud; ya conocemos la vida eterna, pero todavía enfrentamos la muerte; ya hemos recibido el Espíritu, pero aguardamos la redención plena; Cristo ya reina, pero todavía esperamos que toda oposición sea definitivamente vencida. Ya - Todavía No. Promesa - Cumplimiento. Presente - Consumación. La Iglesia vive precisamente dentro de esta tensión. No puede comportarse como si el Reino todavía no hubiera comenzado, pero tampoco como si ya hubiese alcanzado toda su plenitud. Esto protege tanto del pesimismo absoluto como del triunfalismo religioso. El cristiano no afirma que todo está perdido, porque Cristo resucitó; tampoco afirma que todo está plenamente restaurado, porque todavía existe sufrimiento, injusticia, pecado y muerte. La esperanza bíblica mira ambas realidades y confiesa que ninguna de ellas posee la última palabra sobre la creación. Uno de los grandes acontecimientos asociados a esta esperanza es la resurrección de los muertos. La fe cristiana no propone simplemente la supervivencia abstracta del alma, sino la victoria de Dios sobre la muerte. Primera Corintios 15 coloca la resurrección en el corazón mismo del evangelio. Cristo resucitado es las primicias de aquellos que han muerto, y la resurrección futura expresa la continuidad del propósito creador y redentor de Dios. La salvación cristiana, por tanto, no desprecia el cuerpo. Esperamos redención integral. Muerte no es destino final. resurrección es promesa. Esta esperanza transforma también la manera cristiana de enfrentar el duelo. Pablo no enseña que los creyentes jamás experimentarán tristeza; enseña que no deben entristecerse “como los otros que no tienen esperanza” (1 Ts 4:13). El dolor permanece real, pero deja de ser definitivo. La tumba continúa siendo dolorosa, pero ya no constituye la última frontera. La esperanza escatológica permite llorar sin desesperar. Junto con la resurrección aparece la enseñanza bíblica acerca del juicio. Hablar de esperanza no significa eliminar esta dimensión. El Cristo que viene es Salvador y Juez. La Escritura afirma responsabilidad moral y rendición de cuentas delante de Dios. Sin embargo, el juicio no debe utilizarse como instrumento de manipulación psicológica ni convertirse en fascinación por la condenación ajena. Su significado incluye la afirmación de que el mal no será eternamente indiferente, que las acciones humanas poseen peso moral y que Dios establecerá justicia. Para quienes han sufrido violencia, persecución u opresión, la promesa de justicia puede ser también una dimensión de esperanza. El mal no es eterno. la injusticia no tendrá la última palabra. la muerte no será soberana. cristo es el señor de la historia. Esta convicción permite a la Iglesia buscar justicia sin convertir la venganza en su misión, porque el juicio definitivo pertenece a Dios. La escatología bíblica conduce además hacia una comprensión cósmica de la redención. Romanos 8 describe una creación que gime esperando liberación, mientras Apocalipsis 21 presenta nuevos cielos y nueva tierra y proclama la morada de Dios con la humanidad. La esperanza cristiana no termina simplemente con individuos escapando de la creación, sino con Dios llevando su obra redentora hacia una realidad renovada donde muerte, llanto y dolor ya no poseen dominio. Esta dimensión resulta especialmente significativa para una teología de la creación. Si Dios no abandona aquello que creó, la esperanza futura no autoriza a la Iglesia a despreciar el mundo presente. La mayordomía, el cuidado responsable de la tierra y la protección de la vida pueden entenderse como expresiones coherentes de una fe que reconoce a Dios como Creador y Redentor. No salvamos el planeta mediante nuestras propias fuerzas ni confundimos responsabilidad ecológica con consumación escatológica; reconocemos simplemente que aquello que pertenece a Dios merece ser tratado responsablemente. La esperanza escatológica también impulsa la misión. Mateo 28:19-20 vincula el envío de los discípulos con la promesa de la presencia de Cristo “hasta el fin del mundo”. La Iglesia anuncia el evangelio porque vive entre la resurrección y la consumación. Cada generación recibe nuevamente la responsabilidad de testificar. Sin embargo, misión y escatología deben relacionarse sin manipulación. No evangelizamos para fabricar acontecimientos proféticos ni para controlar el calendario de Dios. Evangelizamos porque Cristo lo ordenó, porque el evangelio es buena noticia y porque personas de todo pueblo, lengua y nación son llamadas a participar de la comunidad redimida. Esperar a cristo es también dar testimonio de cristo. Esto proporciona a la misión una extraordinaria perspectiva intercultural. Apocalipsis presenta una multitud procedente de pueblos, tribus, lenguas y naciones. La diversidad no aparece simplemente como obstáculo que deba desaparecer, sino dentro del horizonte universal de la redención. Pentecostés ya había anticipado este principio: un mismo evangelio comunicado entre muchas lenguas. La misión cristiana puede entonces anunciar a Cristo sin confundir evangelización con uniformidad cultural. El futuro pertenece a Dios, no a una cultura particular. La esperanza escatológica también relativiza los poderes humanos. Imperios, gobiernos, economías, ideologías e instituciones aparecen y desaparecen dentro de la historia; ninguno puede reclamar carácter absoluto. Confesar que Jesucristo es Señor significa reconocer que ninguna estructura humana merece obediencia última. Sin embargo, esta afirmación tampoco convierte la escatología en programa partidista. El Reino de Dios no puede identificarse plenamente con ningún proyecto político, nación, sistema económico o movimiento histórico. La Iglesia puede buscar justicia, defender dignidad, servir al necesitado y trabajar por la paz, pero no debe confundir sus preferencias temporales con la consumación del Reino. Cristo viene; ningún poder humano ocupa su lugar. Esta convicción ofrece libertad frente al miedo. Cada generación cristiana ha enfrentado acontecimientos capaces de parecer definitivos: guerras, epidemias, persecuciones, colapsos políticos, revoluciones, desastres y transformaciones tecnológicas. Interpretarlos responsablemente requiere prudencia. La Iglesia debe evitar convertir titulares periodísticos en profecías automáticamente cumplidas. La Escritura merece una hermenéutica más seria que la búsqueda apresurada de correspondencias entre símbolos bíblicos y personajes contemporáneos. Fecha - Especulación - Sensacionalismo - Miedo no constituyen el camino de una escatología saludable. Cristo - Promesa - Vigilancia - Fidelidad - Esperanza sí proporcionan un eje bíblico más sólido. Las diferentes tradiciones cristianas han interpretado de maneras diversos asuntos como el milenio, la tribulación, el arrebatamiento y la secuencia de determinados acontecimientos escatológicos. Estas diferencias merecen estudio serio y respetuoso. Sin embargo, aquello que se discute no debería ocultar aquello que históricamente constituye el núcleo compartido de la esperanza cristiana: Jesucristo volverá, los muertos resucitarán, habrá juicio, el mal será definitivamente vencido y Dios llevará su propósito redentor hacia su consumación. Las cronologías pueden discutirse; Cristo permanece en el centro. Desde la perspectiva del autor, esta distinción resulta pastoralmente necesaria porque una doctrina destinada a producir esperanza no debería convertirse en motivo permanente de ansiedad entre creyentes. La escatología necesita volver al lenguaje del consuelo apostólico. “Alentaos los unos a los otros con estas palabras”, escribe Pablo después de enseñar acerca de la venida del Señor (1 Ts 4:18). Alentar, no aterrorizar. Preparar, no especular. Perseverar, no escapar de las responsabilidades. Testificar, no calcular fechas. La verdadera pregunta escatológica alcanza entonces nuestra vida cotidiana: si Cristo viene, ¿cómo tratamos al prójimo?, ¿cómo administramos nuestros dones?, ¿cómo utilizamos nuestros recursos?, ¿cómo enfrentamos el sufrimiento?, ¿cómo servimos?, ¿cómo perdonamos?, ¿cómo anunciamos el evangelio?, ¿cómo vivimos cuando nadie nos observa? Una escatología que conoce todos los esquemas proféticos, pero no transforma el carácter ha perdido parte de su finalidad bíblica. El futuro prometido por Dios debe producir fidelidad en el presente. De esta manera, ¡EL CRISTO QUE VIENE! propone abordar la escatología en clave de esperanza recuperando su centro cristológico, pastoral y misionero. No se trata de ignorar las advertencias bíblicas, sino de ubicarlas dentro del horizonte mayor de la redención. La historia cristiana no termina con una bestia, una guerra, una crisis o una tumba. Termina —y al mismo tiempo comienza definitivamente— bajo el señorío del Cordero. Venida De Cristo - Resurrección - Juicio - Restauración - Nueva Creación constituyen dimensiones de una esperanza que llama a la Iglesia a permanecer despierta y activa. Por eso esperar al Señor nunca debería significar abandonar la tierra, despreciar la historia o paralizarse ante el futuro. Significa trabajar mientras esperamos, servir mientras esperamos, amar mientras esperamos, anunciar mientras esperamos y permanecer fieles mientras esperamos. La escatología cristiana no es el arte de adivinar cuándo terminará el mundo; es la convicción de que el mundo y la historia tienen un destino en dios. la iglesia no espera simplemente algo que sucederá: espera a alguien que viene. y ese alguien es jesucristo. por eso nuestra última palabra no es miedo, sino esperanza; no es derrota, sino resurrección; no es abandono, sino presencia; no es oscuridad, sino la promesa del cristo que viene…

Categoría

  • ESCATOLOGÍA
  • SEGUNDA VENIDA DE CRISTO
  • PARUSÍA
  • CRISTO QUE VIENE
  • ESPERANZA CRISTIANA
  • ESPERANZA ESCATOLÓGICA
  • RESURRECCIÓN
  • RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS
  • REINO DE DIOS
  • CONSUMACIÓN DEL REINO
  • JUICIO FINAL
  • NUEVA CREACIÓN
  • VIDA ETERNA
  • REDENCIÓN
  • TEOLOGÍA DE LA ESPERANZA
  • CRISTOLOGÍA
  • VIGILANCIA CRISTIANA
  • MISIÓN DE LA IGLESIA
  • PROFECÍA BÍBLICA
  • TEOLOGÍA ESCATOLÓGICA

Palabras clave

  • Escatología
  • Jesucristo
  • segunda venida de Cristo
  • retorno de Cristo
  • esperanza cristiana
  • esperanza escatológica
  • resurrección
  • resurrección de los muertos
  • Reino de Dios
  • consumación del Reino
  • juicio final
  • nueva creación
  • nuevos cielos y nueva tierra
  • vida eterna
  • redención
  • historia de la salvación
  • promesa bíblica
  • parusía
  • vigilancia cristiana
  • perseverancia
  • santidad
  • fidelidad
  • misión de la Iglesia
  • Gran Comisión
  • evangelización
  • Iglesia y esperanza
  • teología de la esperanza
  • teología escatológica
  • cristología
  • Reino presente y futuro
  • ya y todavía no
  • restauración de la creación
  • victoria sobre la muerte
  • soberanía de Cristo
  • señorío de Cristo
  • Espíritu Santo
  • consumación de la historia
  • Apocalipsis
  • esperanza futura
  • misión cristiana…

Derechos de este libro

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Ficha técnica

Título
¡El Cristo que viene!
Autor
G. Oliva C.
Sello editorial
Grupo Editorial casa Hispana
Medidas
15x23cms
Edición
1° edición 2022
Editado en
Chile
Año de publicación
2023
Idiomas disponibles
Español, Inglés, Alemán, Portugués
Encuadernación
Tapa Blanda con Solapas
Páginas
514

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Sobre el autor

G. Oliva C.

G. Oliva C. nació en Lautaro, Región de La Araucanía, en el sur de Chile, en 1971. Creció y desarrolló sus primeros años de formación en el corazón de la Araucanía, territorio cuya riqueza histórica, cultural y humana ejerció una influencia determinante en su trayectoria intelectual. Su cercanía con la realidad mapuche despertó tempranamente su interés por las culturas originarias, la memoria territorial y los procesos históricos que han configurado las relaciones entre los pueblos indígenas, los Estados y las sociedades latinoamericanas.

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