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Casa Hispana Libros

Tomo 2 – Ocupación Militar y Despojo Territorial (1863 – 1883)

La denominada “Pacificación de la Araucanía”.

G. Oliva C.

Cubierta de Ocupación Militar y Despojo Territorial (1863 – 1883)

Descripción

Ocupación Militar y Despojo Territorial (1863–1883) aborda uno de los períodos más decisivos y dolorosos de la historia de las relaciones entre el Estado chileno y el pueblo mapuche. Este segundo tomo examina críticamente el proceso tradicionalmente denominado Pacificación de la Araucanía, expresión que durante décadas formó parte de la historiografía oficial chilena, pero que hoy resulta insuficiente para describir la complejidad política, militar, territorial y humana de lo ocurrido. La propia Biblioteca Nacional de Chile caracteriza actualmente este período como un proceso de ocupación militar y colonización, cuyo resultado incluyó anexión territorial, radicación y reducción de comunidades y procesos posteriores de asimilación sociocultural. (Memoria Chilena). El libro parte de una cuestión fundamental: ¿qué significó realmente la incorporación de la Araucanía al territorio controlado por el Estado chileno? La respuesta exige mirar más allá de las campañas militares. La ocupación no consistió únicamente en enfrentamientos entre el Ejército y grupos mapuches; involucró también el desplazamiento de la frontera, construcción de fuertes, fundación de ciudades, establecimiento de nuevas autoridades, apertura de caminos, colonización y progresiva reorganización de la propiedad territorial. En consecuencia, se trató de una transformación estructural de las relaciones entre territorio, poder y sociedad. La obra sitúa el proceso dentro de la construcción del Estado nacional chileno durante el siglo XIX. Después de la independencia, las autoridades republicanas enfrentaron el problema de consolidar territorialmente un país cuya soberanía efectiva no se ejercía de la misma manera sobre todos los espacios que reclamaba como propios. Al sur del Biobío permanecía una realidad política y territorial mapuche que poseía sus propias autoridades, estructuras comunitarias, relaciones económicas y mecanismos de negociación. La existencia de esta frontera constituía para el Estado un problema de continuidad territorial, especialmente porque más al sur se encontraban Valdivia y Chiloé. (Memoria Chilena). Desde esta perspectiva, el libro analiza la ocupación como parte de un proyecto más amplio de construcción y consolidación estatal. Para las autoridades chilenas del período, avanzar sobre la Araucanía se relacionaba con soberanía, seguridad fronteriza, agricultura, colonización, comunicaciones y expansión económica. Sin embargo, reconocer estas motivaciones históricas no significa aceptar acríticamente sus consecuencias. Precisamente uno de los propósitos académicos de la obra consiste en colocar frente a frente la racionalidad estatal del siglo XIX y la experiencia de las comunidades que habitaban aquellos territorios. El avance de la frontera. La década de 1860 representa un momento fundamental. Cornelio Saavedra propuso un sistema de ocupación progresiva basado, entre otros elementos, en el establecimiento de líneas fortificadas. El avance de la frontera fue acompañado posteriormente por fuertes, pueblos, ciudades y campañas militares. La historiografía ha distinguido distintas fases entre 1862 y 1883: inicialmente avances territoriales y fortificaciones; posteriormente la implementación de la línea del Malleco y nuevas penetraciones; y finalmente una etapa caracterizada por enfrentamientos más intensos que desembocaron en el levantamiento general de 1881 y en la consolidación militar de los años siguientes. (Memoria Chilena). Esta progresión demuestra que la denominada Pacificación no constituyó un acontecimiento único ni una campaña lineal. Fue un proceso prolongado, atravesado simultáneamente por guerra, negociaciones, parlamentos, treguas, resistencia y alianzas. Este aspecto resulta fundamental para la interpretación histórica que propone el libro. Ni el Estado chileno ni el mundo mapuche deben presentarse como bloques absolutamente homogéneos. Entre los mapuches existían distintos territorios, liderazgos y estrategias frente al avance estatal. Algunos sectores negociaron, otros establecieron acuerdos circunstanciales y otros desarrollaron una resistencia armada. De igual manera, las estrategias estatales cambiaron según períodos, autoridades y circunstancias políticas. Reconocer esta diversidad permite construir una historia considerablemente más humana. La resistencia mapuche. La obra concede un lugar fundamental a la agencia histórica mapuche. Las comunidades no aparecen simplemente como víctimas pasivas de una fuerza exterior. Existieron resistencia, negociación, desplazamientos, alianzas y estrategias políticas. La figura de Külapang (Quilapán) y la resistencia wenteche adquiere especial relevancia dentro de este período. La documentación histórica registra enfrentamientos sostenidos frente al avance del Ejército y una compleja red de relaciones entre autoridades mapuches, militares, colonos y representantes estatales. (Memoria Chilena) Esta perspectiva permite recuperar al pueblo mapuche como sujeto de su propia historia. No obstante, la diferencia de recursos militares y la capacidad institucional del Estado fueron modificando progresivamente el equilibrio existente. Las campañas avanzaron mediante nuevas posiciones militares y control territorial. La construcción de fuertes no tenía solamente una función defensiva: modificaba concretamente la geografía del poder. Cada nueva línea permitía establecer presencia estatal, facilitar nuevos asentamientos y preparar la incorporación administrativa del espacio circundante. Violencia y experiencia humana. Una reseña histórica rigurosa tampoco puede reducir este proceso a movimientos sobre un mapa. Detrás de cada desplazamiento de la frontera existían personas. La guerra afectó comunidades, familias, viviendas, animales, cosechas y formas de subsistencia. Fuentes históricas recopiladas por la Biblioteca Nacional registran episodios de destrucción de cosechas, quema de territorios y viviendas, apropiación de ganado y graves abusos cometidos en el contexto fronterizo. También existieron ataques mapuches contra fuertes, asentamientos y propiedades. (Memoria Chilena). Esta dimensión resulta fundamental para humanizar la investigación. Cuando la historia habla simplemente de “campañas”, “avance” o “pacificación”, existe el riesgo de ocultar el costo humano contenido detrás de esas categorías. Por ello, el autor propone aproximarse a este período no solamente desde la historia militar, sino también desde una historia social del conflicto: cómo vivieron las comunidades la guerra, qué ocurrió con sus sistemas productivos, cómo cambiaron sus relaciones territoriales y de qué manera las consecuencias fueron transmitidas posteriormente mediante memoria familiar y comunitaria. 1881: un punto de inflexión. Los acontecimientos de 1881 representan uno de los momentos centrales del estudio. Ese año se produjo un levantamiento general mapuche contra el avance estatal, con ataques en distintos puntos de la Araucanía. La respuesta militar consolidó progresivamente el control chileno. Durante 1882 continuaron las operaciones y la construcción de posiciones, mientras que la campaña hacia Villarrica y su refundación a comienzos de 1883 simbolizaron la consolidación de una nueva realidad territorial. (Memoria Chilena). El significado histórico de esta transformación resulta profundo. Durante siglos, la relación entre mapuches y autoridades coloniales y republicanas había estado marcada por una frontera, negociaciones y parlamentos. Después de la ocupación, la relación cambió radicalmente: el pueblo mapuche pasó progresivamente de relacionarse con el Estado desde una posición territorial diferenciada a quedar incorporado dentro de las estructuras administrativas, jurídicas y económicas de ese mismo Estado. Ese cambio constituye una de las grandes rupturas históricas estudiadas por el libro. Del control militar al despojo territorial. La segunda dimensión fundamental de la obra corresponde al despojo territorial. La ocupación militar constituye solamente la primera parte de la transformación. Una vez consolidado el control estatal, comenzó un proceso de reorganización territorial mediante colonización, remates, ocupaciones, delimitación de terrenos y posterior radicación de comunidades. En 1883 se creó la Comisión Radicadora de Indígenas y comenzó una etapa en que la reducción territorial se convirtió en una de las principales herramientas mediante las cuales se reorganizó la presencia mapuche dentro del nuevo orden estatal. (Memoria Chilena) Este punto resulta esencial para comprender la tesis del tomo. La derrota militar tuvo consecuencias territoriales. Y las consecuencias territoriales tuvieron efectos sociales. El territorio mapuche no era solamente un recurso económico. Constituyó históricamente el espacio donde se articulaban relaciones familiares, producción, movilidad, intercambio, autoridad, espiritualidad, memoria y pertenencia. Por ello, reducir el territorio significó también transformar la sociedad. La tierra como estructura social. Desde la Sociología y la Antropología, la obra propone comprender la tierra mediante una categoría más amplia: territorialidad. La propiedad moderna tiende a imaginar la tierra como una superficie delimitada susceptible de compra, venta, inscripción y explotación económica. Para sociedades indígenas, sin embargo, el territorio puede contener simultáneamente dimensiones productivas, comunitarias, espirituales, familiares e históricas. El choque entre estas formas diferentes de comprender la tierra constituye una de las claves interpretativas del período. El Estado introdujo progresivamente sistemas administrativos, jurídicos y cartográficos destinados a medir, delimitar y distribuir el territorio. La cartografía elaborada durante el proceso registró fuertes, rutas militares, pueblos y terrenos destinados a colonización, evidenciando que mapear el territorio formó parte también de su incorporación efectiva al Estado. (Memoria Chilena) El mapa, en este sentido, no fue simplemente una representación. Fue también una herramienta de poder. Reducción y transformación de la sociedad mapuche. La radicación modificó profundamente las estructuras sociales y económicas de las comunidades. Al quedar circunscritas a espacios territoriales más reducidos, muchas familias tuvieron que modificar sistemas de producción y movilidad. La pérdida territorial debilitó también determinadas formas tradicionales de autoridad. La Biblioteca Nacional señala que el proceso de radicación y reducción disminuyó el poder político y militar de los longko, intervino estructuras sociales y contribuyó al empobrecimiento de numerosas comunidades. (Memoria Chilena). Aquí aparece una de las principales contribuciones sociológicas del libro: el despojo territorial no termina cuando cambia jurídicamente la propiedad de la tierra. Sus efectos pueden prolongarse durante generaciones. Menos territorio significa modificaciones productivas. Las modificaciones productivas pueden generar empobrecimiento. El empobrecimiento puede producir migración. La migración transforma las estructuras familiares. Y todas estas experiencias pueden permanecer dentro de la memoria colectiva. Por ello, la historia territorial del siglo XIX constituye un antecedente indispensable para comprender determinadas condiciones sociales del pueblo mapuche durante el siglo XX y las reivindicaciones territoriales que continúan manifestándose en el presente. La construcción de una nueva sociedad regional. La ocupación transformó no solamente al pueblo mapuche. Transformó toda la región. El establecimiento de colonos, ciudades, caminos, instituciones públicas, actividades agrícolas y posteriormente ferrocarriles integró progresivamente la Araucanía a los circuitos económicos y administrativos nacionales. (Memoria Chilena) Surgió así una nueva estructura regional donde convivieron —no siempre pacíficamente— comunidades mapuches, colonos chilenos, inmigrantes europeos, comerciantes, funcionarios, militares y misioneros. La Araucanía contemporánea comenzó a configurarse sobre esta compleja superposición de poblaciones, memorias y derechos. Este hecho obliga a evitar interpretaciones excesivamente simples. Comprender el despojo histórico mapuche no significa negar que generaciones posteriores de familias no mapuches hayan desarrollado también vínculos legítimos de pertenencia con el territorio. Precisamente esta superposición histórica explica parte de la dificultad contemporánea: sobre un mismo territorio pueden existir memorias diferentes y experiencias legítimas de pertenencia construidas en momentos históricos distintos. De la autonomía a la asimilación. Una de las consecuencias más profundas de la ocupación fue la modificación de la relación entre el Estado y la identidad mapuche. Una vez consolidado territorialmente el Estado, comenzó un largo proceso orientado hacia la incorporación de las comunidades a la sociedad nacional. Educación, legislación, propiedad, misiones religiosas, mercado y administración fueron penetrando progresivamente espacios donde anteriormente existían mayores grados de autonomía. El problema sociológico no consiste simplemente en describir este fenómeno como integración. Es necesario preguntarse en qué condiciones ocurrió esa integración y cuánto espacio dejó para la continuidad cultural mapuche. Aquí aparece la tensión entre integración y asimilación. Integrarse a un Estado común no necesariamente debería significar abandonar lengua, memoria, identidad y cultura. Sin embargo, históricamente ambas dimensiones fueron frecuentemente confundidas. Memoria histórica y conflicto contemporáneo. El gran aporte del libro consiste en conectar este período con la memoria histórica, evitando al mismo tiempo utilizar el pasado como explicación automática de todos los conflictos actuales. No todo problema contemporáneo puede atribuirse directamente a los acontecimientos de 1863–1883. Pero tampoco resulta posible comprender plenamente las actuales demandas territoriales sin considerar lo ocurrido durante este período. La memoria colectiva mapuche conserva la ocupación como una ruptura. La historiografía tradicional chilena, por su parte, tendió durante décadas a interpretar el proceso mediante categorías relacionadas con pacificación, progreso, colonización e incorporación territorial. Estas dos memorias pueden entrar en conflicto. La tarea académica consiste precisamente en someter ambas narrativas a investigación histórica, diferenciando memoria, documentación, interpretación y uso político del pasado. Revisar el concepto de “Pacificación” Por ello, el subtítulo del tomo —La denominada “Pacificación de la Araucanía”— posee una importancia metodológica particular. Las palabras nunca son completamente neutrales. Llamar pacificación a una campaña militar implica adoptar una determinada perspectiva sobre aquello que ocurrió. Para quien observa desde el Estado, puede representar el establecimiento definitivo de autoridad y orden. Para quienes experimentaron pérdida de autonomía, violencia y reducción territorial, el mismo proceso puede ser recordado como ocupación. La historiografía contemporánea tiene la responsabilidad de reconocer esta tensión terminológica. No se trata simplemente de reemplazar una palabra por otra. Se trata de preguntarse qué realidad histórica queda visible y cuál queda oculta mediante cada concepto. El aporte académico y humano del autor. Ocupación Militar y Despojo Territorial (1863–1883) busca contribuir a esta revisión desde una perspectiva interdisciplinaria, haciendo dialogar Historia, Sociología, Antropología, Estudios Indígenas, territorialidad y memoria colectiva. El autor procura mantener una posición particularmente necesaria en estudios de esta naturaleza: reconocer el sufrimiento histórico sin convertir el análisis en propaganda; comprender las razones del Estado sin transformar esa comprensión en justificación automática; reconocer la resistencia mapuche sin idealizar todos sus actores; y estudiar la violencia distinguiendo responsabilidades concretas. La rigurosidad exige precisamente esa complejidad. Pero la rigurosidad académica tampoco debería deshumanizar aquello que estudia. Detrás de conceptos como ocupación, reducción, radicación y colonización existieron familias concretas. Personas que perdieron tierras, otras que llegaron a establecerse, comunidades que resistieron, autoridades que negociaron, soldados que combatieron y generaciones posteriores que heredaron las consecuencias de decisiones tomadas durante aquellos años. El propósito del libro consiste en recuperar también esa dimensión humana. Consideración final. Este segundo tomo sostiene, en definitiva, que el período comprendido entre 1863 y 1883 constituye una de las grandes fracturas históricas para comprender la relación entre el pueblo mapuche y el Estado chileno. Antes de la ocupación existía una relación fronteriza caracterizada por autonomía, negociación, conflicto e intercambio. Después de ella comenzó otra etapa: reducción territorial, colonización, incorporación administrativa y transformación sociocultural. Por ello, la denominada Pacificación de la Araucanía no puede ser estudiada solamente como una victoria militar ni exclusivamente como un episodio de violencia. Debe comprenderse como una transformación estructural del territorio y de las relaciones de poder. Y allí reside la importancia contemporánea de la obra. Cuando hoy se habla de tierras, restitución, reconocimiento, interculturalidad o derechos indígenas, las preguntas actuales poseen una historia. Conocerla no obliga a aceptar una única interpretación política del presente. Pero sí obliga a reconocer que el presente no comenzó ayer. Ocupación Militar y Despojo Territorial (1863–1883) invita precisamente a regresar a ese momento de ruptura, reconstruirlo con rigor documental y escuchar las diferentes memorias que produjo. Porque solamente comprendiendo cómo se transformaron el territorio, las comunidades y las relaciones de poder puede entenderse por qué, más de un siglo después, la tierra continúa siendo memoria, identidad y uno de los asuntos centrales de la relación entre el Estado chileno y el pueblo mapuche. (Memoria Chilena)…

Categoría

  • CIENCIAS SOCIALES
  • HISTORIA
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  • HISTORIA LATINOAMERICANA
  • HISTORIA MAPUCHE
  • ESTUDIOS INDÍGENAS
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  • TERRITORIALIDAD
  • PUEBLOS ORIGINARIOS
  • ESTADO Y PUEBLOS INDÍGENAS
  • CONFLICTOS TERRITORIALES
  • MEMORIA HISTÓRICA

Palabras clave

  • Historia Mapuche
  • Ocupación de la Araucanía
  • Despojo Territorial
  • Estado Chileno
  • Resistencia Mapuche
  • Territorialidad
  • Colonización
  • Reducción Indígena
  • Relaciones Estado
  • Pueblo Mapuche
  • Memoria Histórica
  • Conflicto Territorial
  • Siglo XIX

Derechos de este libro

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Ficha técnica

Título
Ocupación Militar y Despojo Territorial (1863 – 1883)
Autor
G. Oliva C.
Sello editorial
Grupo Editorial Casa Hispana de Publicaciones
Medidas
15x23cms
Edición
1° edición 2024
Editado en
Chile
Año de publicación
2025
Idiomas disponibles
Español, Inglés, Alemán, Portugués
Encuadernación
Tapa Blanda con Solapas
Páginas
547
Formato
Libro físico
Idioma
Español

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Sobre el autor

G. Oliva C.

G. Oliva C. nació en Lautaro, Región de La Araucanía, en el sur de Chile, en 1971. Creció y desarrolló sus primeros años de formación en el corazón de la Araucanía, territorio cuya riqueza histórica, cultural y humana ejerció una influencia determinante en su trayectoria intelectual. Su cercanía con la realidad mapuche despertó tempranamente su interés por las culturas originarias, la memoria territorial y los procesos históricos que han configurado las relaciones entre los pueblos indígenas, los Estados y las sociedades latinoamericanas.

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